MÁS ALLÁ DE “SE FUE AL CIELO”: COMO ACOMPAÑAR EL DUELO DE LOS NIÑOS.

Los niños son lo bastante mayores para sentir dolor si son mayores para sentir amor; ellos son los “dolientes olvidados”.
Elisabeth Kübler-Ross.
En la corta vida de los niños y niñas es posible que hayan podido acumular experiencias de duelo por las que a veces no son capaces de transitar sin ayuda de algún adulto consciente.
A los niños les duele perder un juguete con el que se habían vinculado especialmente… quizá era el osito que les ayudaba a superar el miedo al irse a la cama y apagar la luz. Por supuesto, el fallecimiento de una mascota, donde se encuentran de bruces con la muerte y todo lo que supone para ellos… “¿Espera, entonces mi mamá y mi papá también pueden morirse?” “¿Mi conejito ahora se despierta, verdad?” Estas y otras muchas cuestiones invaden el cerebro “en construcción” de estos infantes, generando normalmente mucha confusión.
Antes de los 7 años, en la llamada por Piaget la Etapa Preoperacional de Desarrollo, los pequeños tienden a interpretar lo ocurrido en el mundo desde una perspectiva egocéntrica. Aún no han madurado para adoptar la perspectiva del otro y para el reparto de responsabilidades. Además, es un momento de pensamiento simbólico-mágico, con lo que cualquier afirmación tipo “El abuelito está en el cielo” puede ser tomada al pie de la letra y podrán hacer preguntas tipo: “¿Y entonces por qué no vamos con él, o cuándo bajará?”. Si lo endulzamos con “se quedó dormido” puede que la hora de irse a dormir se convierta en una tragedia diaria.
En nuestro mundo hemos dejado en casa a los niños a la hora del funeral y en casa de alguien cercano si la muerte se producía en casa. Contarles lo que va a ocurrir después, decirle que la muerte es cuando el cuerpo deja de funcionar y que esa persona ya no va a volver, aunque nos parezca duro, es muy clarificador para ellos y les ayuda a integrar la pérdida. Por supuesto que después, nuestra presencia es importante para acompañarlos hasta donde ellos necesiten, haciéndoles preguntas abiertas para averiguar qué están imaginando o qué necesitan saber sobre lo que están viviendo.
De los 7 a 12 años, el periodo denominado de “Operaciones Concretas”, el pensamiento se pone más elaborado, y de lo simbólico, pasan a razonamientos lógicos, momento crucial para estar atentos a falsas interpretaciones de por qué se ha ido y si hay culpas o secretos sin abrir. A veces imaginan que la causa de la muerte está en que ellos no hicieron esto o aquello, o que ese enfado con ellos hizo que partiera, generando tanta intensidad emocional en su interior que puede llegar a marcar su vida para siempre. De ahí, la importancia de escucharlos atentamente para poder clarificar la verdad y permitir la expresión.
No obstante, la doctora Elisabeth Kübler Ross, que acompañó a muchos niños en estados terminales, observó cómo estos desarrollan una sabiduría intuitiva y una comprensión de lo que está sucediendo que escapa a lo que los adultos puedan transmitir. Esto a veces les hace encontrarse en un estado de paz que a muchos adultos les cuesta conseguir en esos momentos. A veces, al escucharlos con presencia o atención plena, transmiten mensajes que pueden llegar a ser lecciones para muchos de nosotros. Acaban de llegar a la vida y traen información relevante que nos ayuda a conectar con nuestro corazón y nuestro ser esencial.
No hay nada mejor que un niño para aprender a SER.
Carmen Morales García. Diciembre 2025
Psicóloga General Sanitaria. (Nº Col. AO-07876) Terapeuta Gestalt. Máster en Psicología Clínica y de la Salud (AEPC). Miembro Titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt (AETG). Formada en Eneagrama, Psicoterapia Integrativa y Transpersonal (Programa SAT). Postgrado en Técnicas, Análisis y Conducción de Grupos impartido por Paco Peñarrubia. Formada en Terapia Gestalt Infantil y Adolescente Formada en Constelaciones Familiares (ECOS). Postgrado en Teatro Terapéutico. Postgrado en Constelaciones Familiares aplicado al Trauma (ECOS).

