La caída del padre y la sociedad del “todo se puede”.

Por Angel D. Saavedra Valdayo, Director de LAMAR – Escuela de Psicoterapia Gestalt de Málaga. Psicólogo General Sanitario especialista en clínica. Psicoterapeuta Gestalt, Miembro Didacta y  Supervisor de Aetg y Feap.

Introducción

Vivimos un tiempo en el que la figura del padre —como símbolo del límite, del orden, del amor condicional y de la realidad— parece estar en crisis. No se trata solo de un cambio en los roles familiares, sino de una transformación más profunda en el modo en que nos relacionamos con la autoridad, con la ley y con el principio de realidad. En la cultura del “todo se puede”, la función del padre se desdibuja, y con ella se tambalea el equilibrio que sostiene la estructura psíquica, la educación y el vínculo social. Parece que estamos presenciando un momento polar de la idea del padre, pasando de un padre “autoritario” de la sociedades patriarcales, a un padre “colega” de sus hijos, que se desdibuja en su figura de autoridad y en su función de poner limites sanos.

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El padre como función simbólica.

 Freud ( 1923 ) describió como el padre cumple una función esencial: introducir la ley que separa al niño de la fusión con la madre y le permite acceder al mundo simbólico. Posteriormente, Lacan (1957-1958) profundizó en esta idea al hablar del “Nombre-del-Padre”, esa instancia que encarna la prohibición, la palabra que ordena el deseo y da lugar al sujeto.

El padre, en su dimensión simbólica, representa el “no todo se puede”.  En palabras de Claudio Naranjo (2008) el padre representa el “Amor Condicional”, quien pone condiciones, no de manera mercantilista, sino a través de limites de forma amorosa.

Es la voz que recuerda que el deseo humano está atravesado por la falta, que el mundo tiene límites, y que esos límites son precisamente los que nos hacen humanos, y nos permiten crecer en un ambiente de seguridad. Desde que el individuo empieza a desarrollarse en el útero materno, encuentra sus primeros limites. El bebé  se mueve en cualquier dirección y encuentra las paredes del útero a su alrededor, esto le permite crecer en un entorno seguro y con un desarrollo adecuado.

Cuando esta función se debilita, el sujeto se queda sin referencias, atrapado en una ilusión de omnipotencia que impide la propia maduración. Sin el límite que organiza, la experiencia se vuelve caótica; sin la ley que orienta, el deseo se vuelve capricho. Se crece con una idea, de que todo se puede, de que no hay limites externos ni internos, y se puede caer en la ilusión de que podemos estar al margen o por encima de la ley. Y precisamente la ley es lo que nos regula a todos, la ley esta por encima de todas las personas, proporcionando una contención y un amparo, ya que incluso esta por encima del legislador.

Del superyó al mandato del goce.

La cultura contemporánea ha transformado profundamente la función del superyó. Ya no se presenta como una instancia que prohíbe, sino como una que ordena gozar: ser feliz, triunfar, poder con todo, reinventarse sin pausa. Es el mandato del éxito y la autosuperación, que parece liberar, pero que en realidad encadena al sujeto a una exigencia imposible. Presenciamos que nuestra sociedad y sobretodo las nuevas generaciones, están en un “si quieres, puedes”.

Esto se convierte en una esclavitud al logro, al éxito, y a la idea de que todo esta a nuestro alcance , construyendo personalidades, aparentemente empoderadas, pero que son frágiles y con una incapacidad a la frustración por no conseguir aquello que se proponen, como si pudieran pasar por encima de la vida.

En este contexto, el límite —lo que antes venía del padre— se convierte en algo sospechoso. Decir “no” hoy en día esta confundido con reprimir; poner normas parece autoritario, y sostener un límite es entendido como “no me quieres”. Creemos que evitamos así el sufrimiento, salvándolos de la caída, y a la vez robándoles al capacidad de aprender y poder equivocarse. Hay un desprecio a la equivocación, a fallar, sin tener en cuenta que el cerebro del niño aprende tanto por los aciertos como por los errores. Probablemente los errores nos ayudan en mayor medida a reformularnos, el cerebro queda moldeado por nuestros errores, para no  repetirlos mas, convirtiéndose en un fuente de aprendizaje. Si evitamos estos procesos estamos evitando que el infante cree sus propios recursos para seguir explorando otras alternativas y desarrollando nuevas capacidades. La función de los padres no es darles la vida resuelta, ni un móvil con IA para que busquen la solución a lo que les ocurre, es darle herramientas  para que puedan levantarse cuando se equivoquen. Y esto pasa por tener claro los límites, hasta donde pueden y hasta donde no.  Y así, sin darnos cuenta, hemos creado generaciones de niños que no toleran la frustración, que reprenden a sus padres, cuestionan a sus profesores y crecen sin amor admirativo: sin la experiencia de mirar hacia arriba y reconocer algo mayor que uno mismo.

Paolo Crepet, psiquiatra y sociólogo italiano , defiende que “estamos en la peor generación de padres de la historia, hacen cosas de completos idiotas” ya que tienden a criar a sus hijos desde la sobreprotección, la demencia tecnológica y la pérdida de autonomía . Según Crepet, los padres se preocupan mas de evitarles cualquier frustración que de prepararlos para la vida real, donde no siempre se podrán salir con la suya, ni conseguir aquello que se propongan, ya que no todo el mundo esta preparado ni tiene las mismas aptitudes para conseguirlo. Esto provoca adultos inmaduros, incapaces de pensar con independencia y tomar decisiones propias. Además, advierte que la influencia generalizada de las redes sociales y la búsqueda continua de soluciones fáciles están generando una cultura superficial y empobrecida, dejando prácticamente a los jovenes sin recursos emocionales sólidos para desarrollarse y desenvolverse en el mundo.

Comparto la idea de este autor, que los padres “están mas preocupados en entretener a sus hijos que en educarlos”.

Y no tenemos mas que observar como a esto contribuyen también  los planes de estudio, cada vez  mas superficiales, menos rigurosos, y mas “light”, donde asignaturas como la historia, la filosofía, la dialéctica, están casi desapareciendo o con un temario muy reducido.

Y aunque podría parecer que estamos dando paso a una edad del goce o del disfrute, de un cerebro instintivo que quedó reprimido hace mucho tiempo. Nada mas lejos de la realidad, estamos creando una ilusión de que disfrutar y alcanzar el goce pasa por “matar “ al padre, por no tener en cuenta los limites que nos ayudan a crecer y a poner orden para discernir cuando toca cada cosa en cada momento. Y sobretodo nos dan la fuerza de la contención, del trabajo, del respeto, de luchar por conseguir algo y no esperar que nos sea regalado por nuestro merecimiento , sino que el esfuerzo de conseguirlo nos hace sentirnos realizados por haberlo logrado y así, nos proporciona un mayor disfrute.

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El papel de la psicoterapia y la trampa del “si quieres, puedes”.

Como terapeutas, también formamos parte de este movimiento cultural. Desde algunos discursos de la autoayuda y de la psicología positiva, hemos contribuido a reforzar la idea de que todo se puede lograr si uno se lo propone. Pero esta visión, aunque motivadora en apariencia, puede resultar profundamente dañina para la psique de nuestros pacientes o clientes, incluso la destrucción del “yo”.

Cuando olvidamos la realidad del límite, fomentamos una subjetividad frágil: personas que se desmoronan ante la frustración, que viven la imperfección como un fracaso personal, que se exigen poderlo todo y no soportan la falta. Que imaginan una vida feliz y completa en las redes, que venden y muestran cada instante vivido para compararse con un ideal que se hace viral en “tik tok”o “Instagram”, con  personas que lo tienen todo y todo lo hacen fácilmente, con millones de likes y seguidores.

La psicoterapia gestáltica, nos invita a un camino distinto: el de la autorregulación organísmica, donde el límite no se impone desde fuera, sino que emerge como parte natural del contacto con la realidad, con la experiencia y con el self (Perls, 1951) Acompañar a alguien en su crecimiento no es hacerle creer que todo es posible, sino ayudarle a descubrir qué es realmente posible para él/ella, en su aquí y ahora, con sus recursos, su historia y su contexto. Es una terapia contextual, (Saavedra, 2024) ya que estamos mirando la figura y el fondo, de una manera realista, y fomentando no solo el goce de hacer lo que “me da la gana”, sino contribuyendo a un equilibrio de los tres amores o tres funciones de nuestro celebro: instintivo, maternal y paterno . Es decir, tres tipos de amores el erótico o del goce, el incondicional y el condicional (Saavedra, 2023)

Recuperar la función del límite

La caída del padre no tiene por qué ser el fin del orden, sino una oportunidad para reformular la función del límite desde otro lugar: no desde el  autoritarismo, o el agonizante patriarcado, sino desde el sostén, el limite amoroso que construya seres equilibrados y comunidades de apoyo,  como nombra Martin Buber (Buber, 1923), “comunidades de Amor”, que puedan sostener a los individuos en una relación Yo- Tú, en la idea de la finitud o “incompletud” del ser humano como cierta para la autorreflexión, donde el limite está sostenido en su conjunto por la comunidad desde esta mirada amorosa que construye, nos alimenta y nos hace crecer con autososten. 

Bibliografía.-

Freud, S. (1923) El yo y el ello. Buenos Aires: Amorrortu

Lacan, J. (1957-1958) Le  Seminarie, Livre V, Las formaciones del inconsciente. Paris: Seuil .

Naranjo, C. (2008) Cosas que vengo diciendo. La Llave.

Crepet, P. (2025, 26 de mayo) Paolo Crepet, psquiatra: Estamos ante la peor generación de padres de la historia, hacen sosas de completos idiotas. La vanguardia .

Perls, F. Hefferline, R.,& Goodman, P. (1951). Gestalt Therapy: Excitemen and growth in the human personality. Julian Press.

Saavedra, A. Revista AOSMA Nº 33- Abril 2024- ISNN-e: 1887-3952. TRIBUNA PROFESIONAL.

Saavedra, A. (2023) La teoría de los tres Amores de Claudio Naranjo. Revista de la AETG, nº 43 Los frutos de Claudio)

Buber, M.(2002) Yo-tú. Herder. ( Trabajo original publicado en 1923)

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