EL SER HUMANO, UN SER QUE BUSCA SU PLENITUD

Mª de los Ángeles Fernández, terapeuta Gestalt en Lamar Escuela de Psicoterapia Gestalt de Málaga

Mª Angeles Fernández Gómez

La Psicología Humanista, entre ellas la Terapia Gestalt, parte de una concepción del ser humano como un ser que nace con todo el potencial para actualizarse y alcanzar la plenitud y la autorrealización; pero que, en su desarrollo, en su adaptación con el entorno familiar y social, va construyendo capaz de neurosis que le protegen y posibilitan su funcionalidad en el mundo. Dentro de un contexto vincular, de cuidados y educación, el niño va construyendo/se una personalidad en constante interrelación con su familia, su escuela, sus iguales, la cultura, la sociedad, la época histórica y el Espíritu de los tiempos (Zeitgeist) que le envuelven. Como dijo el filósofo alemán, Heidegger, somos Dasein, seres-ahí, seres que estamos siendo en el mundo, una conciencia ligada al mundo.

Si nos vamos a los orígenes de la especie humana, al proceso de hominización, nos encontramos que el humano es la criatura más indefensa que viene a este mundo. La naturaleza, en la “creación” del homo sapiens se encontró con lo que se conoce en paleoantropología como “el dilema obstétrico”, es decir, en la encrucijada de cómo la hembra humana, que en el proceso de bipedestación había reducido el canal de parto a la mitad, podía parir una criatura con un cerebro bastante más grande que el de nuestros primos los monos. La solución que encontró fue provocar partos prematuros, de forma que el cachorro humano tendría un periodo de gestación dentro del útero materno (intrauterino) y otra etapa, una vez nacido, extrauterina. Cuando nace, el bebé es acogido dentro de un útero social, constituido por un espacio vincular, donde el amor y el cuidado de sus principales cuidadores nutren y posibilitan su desarrollo. Ya a mediados del siglo pasado John Bowlby estudió el apego, ese primer vínculo afectivo que construye el bebé con sus cuidadores. Y gracias a ese vínculo, cuando es seguro y protector, posibilita que el amor se haga biología y permita el mejor desarrollo (Humberto Maturana, el biólogo chileno, hablaba de “biología del amor”). En torno a los tres años, el niño completa el 80% del desarrollo del cerebro y no es hasta los 25 años, aproximadamente, que no termina de completarse totalmente el neurodesarrollo.

image LAMAR Málaga

Por tanto, el ser humano posee un cerebro social, es decir, se desarrolla en interacción con y gracias a otros seres humanos. Como dicen Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, creadores del método de Traumaterapia sistémica, el mejor medio para que un niño y adolescente se desarrolle de forma óptima es el entorno bientratante, es decir, crecer con unos cuidadores capaces de sintonizar y satisfacer amorosamente las necesidades evolutivas, así como de prepararle para una vida social satisfactoria y gratificante. Es decir, el ser humano viene al mundo con un programa evolutivo que en interacción vincular se desplegará posibilitando la mejor versión de sí mismo.

Pero todos sabemos que lo mejor en muchas ocasiones no es lo más extendido. La gran mayoría de nosotros crecemos en familias que sobreviven a patrones disfuncionales incluso traumáticos, llenos de una historia de dolor y resistencia que viene de generaciones anteriores. A la vez, actualmente vivimos en un mundo tardocapitalista, en una sociedad del rendimiento y del consumo que nos empuja a ser personas “funcionales” y productivas, donde no queda espacio ni tiempo para entrar dentro y descubrir “quién soy” y “qué he venido a hacer en este mundo”.

Dentro de este panorama algo desesperanzador (no hay más que ver las noticias), la psicología humanista y, en especial, la Terapia Gestalt, lleva una antorcha de esperanza al mundo. ¿Por qué y cómo? La Gestalt nos invita a pararnos, a tomar conciencia, a entrar en aquello donde tendemos a huir: al dolor, a nuestros miedos, a la angustia, a la depresión, a la ansiedad, a la soledad,… Entrar en estas inhóspitas regiones internas, en compañía de un otro amoroso (terapeuta o grupo terapéutico) capaz de crear un espacio de seguridad, nos posibilita ir disolviendo los mecanismos neuróticos o defensivos (que inicialmente me protegieron pero que ahora me impiden crecer) y poder rescatar aquellas partes más vulnerables e integrarlas. Abrazar la vulnerabilidad implica atravesar todo el dolor que guardan de experiencias vividas en nuestra historia, ese dolor que en su momento no pudo ser procesado y tuvo que ser encapsulado por resultar insoportable e insostenible. Lo sorprendente del viaje es que cuando nos entregamos a esos lugares internos, tan temidos durante años, incluso olvidados, descubrimos lo mejor de nosotros, los mayores dones escondidos. Solo así alcanzamos la completud, la tan anhelada alegría de ser, de existir y de vivir. Solo ahí, en lo más recóndito de nosotros, tras paisajes de dolor y desesperanza, encontramos el camino para lo más auténtico de mí, lo que Jung llama “el Sí-Mismo”, esa esencia que tiene guardado el perfume de la divinidad y que me conecta con el alma de los otros, con el alma del mundo.

image LAMAR Málaga

La Gestalt propone un viaje hacia la conciencia, acompañado de otros, dentro de un campo interpersonal y vincular, para limpiar las capas de neurosis y descubrir la joya que hay dentro del loto. Es un viaje iniciático, el viaje del Héroe del que habla Joseph Campbell, el cuál se realiza en compañía, donde progresivamente vamos deconstruyendo la identidad defensiva creada y permitiendo que el auténtico Yo que hay detrás de la personalidad, la Esencia, el Alma, el Sí Mismo, emerja con todo su brillo.  Es entrar en el vacío aterrador, traspasar el vacío fértil para encontrar la Presencia que hay en nuestra humanidad; un lugar donde el Yo y el Tú se funden en un Nosotros; donde mi alma y la tuya se encuentran para fundirse en el abrazo de la comunidad, en la pertenencia de un solo organismo llamado Humanidad.

image 1 LAMAR Málaga
image 3 LAMAR Málaga
image 2 LAMAR Málaga
image 1 LAMAR Málaga

M_ª de los Ángeles Fernández: Psicóloga clínica (vía PIR). N° Colegiada AO-2396). Terapeuta Gestalt y Psicoterapeuta por la FEAP. Miembro titular y supervisor por la AETG (Asociación española de Terapia Gestalt). Licenciatura en Antropología Social y Cultural. Grado en Filosofía. Máster en Terapia Familiar Sistémica. Formada en Eneagrama, Psicoterapia Integrativa y Transpersonal (Programa SAT). Terapia Corporal Integrativa. Posgrado en técnicas, análisis y conducción de grupos (con Francisco Peñarrubia). Constelaciones familiares (ECOS). Posgrado en Teatro Terapéutico. Diplomada en Traumaterapia infanto-juvenil sistémica (con Jorge Barudy y Maryorie Dartagnan). Psicoterapia de integración y reprocesamiento del trauma (Método Aleceia). Acreditada y Formada en Psicología Transpersonal con Manuel Almendro (Método Oxígeme). Formada en Proceso y Terapia de pareja con Alejandro Spangenberg y Leticia Cayota.  Docente en numerosos cursos de infancia, apego, vinculación afectiva, familia, protección a la infancia y la adolescencia, adopción, acogimiento familiar, intervención y tratamiento psicológico, etc.; tanto en España como en Honduras. Psicóloga en el Servicio de Protección de Menores (2001-2017). Profesora en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Facultad de Psicología de Málaga (2017-2021).

Deja un comentario

Scroll al inicio
Escuela de Psicoterapia Gestalt de Málaga
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.